Débora Alcaide

BIOGRAFÍA

Débora Alcaide es una joven escritora y estudiante de Historia del Arte. Sus poemas aúnan al tiempo la influencia de los escritores del Romanticismo, -véase en el tono pesimista, existencialista y lúgubre que adquieren sus poemas-, con metáforas basadas en la mitología grecolatina. El arte adquiere una amplia dimensión en sus versos, ya que su discurso se apoya en las Bellas Artes, para elaborar complejas alegorías sobre la ansiedad, el miedo, el dolor, etc.

Ha acudido a numerosas jam de poesía en bares como Aleatorio, Café Gadir, Bar Violín, etc. Y participado en diversos recitales como el III Encuentro Internacional de Poesía y Relatos “Madrid, La Nueva París Literaria” que tuvo lugar en el recién clausurado Café Comercial de Madrid el 19 de diciembre de 2014; el recital Homenaje a los 50 años del Bardo que se realizó el 5 de noviembre de 2015 en la Casa del Lector o el Getafe Negro, al que ha acudido dos años consecutivos.

 

Versos de añoranza.

Los últimos versos de este frío invierno

Van dedicados a la añoranza, al recuerdo de ti.

Los años han pasado, fugaces como estrellas,

Pero el eco de tu nombre sigue intacto

En esas hojas del pesebre que no llegué a construir.

 

Jamás te dediqué las palabras que te merecías,

Supongo que por miedo a que si lo hacía

Tendría que comenzar a aceptar tu partida,

Volver hacia atrás en el día en que pasó

Y admitir que, la Navidad llegó,

Llevándose con su invernal frío, tu aliento.

 

He deseado, y en sueños he conseguido,

Volverte a encontrar; he vuelto a ser pequeña

Para que juegues conmigo y nos riamos

Como antaño.  Con tu socarrona risa,

Despertar del letargo de una Navidad

Que heló sin nieve.

 

No he sabido ofrecerte mensajes de pérdida,

Porque siempre has vivido conmigo,

Acompañándome en cada descuido

Y cuidándome en cada pataleta.

En el ascenso hacia mi meta, jamás me sentí sola,

Sabía que la abuela y tú, donde quiera que estéis,

Me estaríais procurando el bien.

 

A veces tengo miedo a olvidar, obviar,

Las arrugas que se formaban en tus ojos,

Las historias que de niña no comprendía

O los valores que tan fielmente

Transmitiste a mi madre.

 

Esta es la carta de Navidad más sentida,

Alejada del consumismo que ahoga su esencia,

De la palabrería que la alborota.

Sólo es la letra que no pude escribirte antes,

Porque las lágrimas aladas

Se llevaban consigo tu presencia.

 

El recelo de las palabras que no te dije

Porque no supe valorar el tiempo fugaz,

Que arrebató tus manos de mis manos infantiles.

El miedo de que sea demasiado tarde

Para decirte que te echo de menos.

 

Aquel invierno el fuego navideño no cintiló,

Ni encontré los regalos bajo el árbol,

Mas la escarcha fulguraba en la casa

Y hacía presos nuestros corazones, apocados.

 

Quisiera recordar tan fielmente

Tus enseñanzas como antes lo hacía.

Abrazarte una vez más

Y que desenredaras mi pelo

Con las manos que aún siento

Recogerme en cada caída.

 

Nunca quise dejar que las lágrimas

Empañaran, menguaran tu recuerdo, maldiciendo

A las agujas, por negarme más tiempo contigo.

Por eso lloré sólo al recordarte con alegría.

 

QUÉ POCO ME GUSTA.

Qué poco me gusta este frío que hiela hasta el alma, que hace estornudar los te quieros como frases sin sentido. Qué poco me gusta este invierno que hiela las manos, que hace que el calor de un abrazo, sea el frío de unos labios.

Qué poco me gusta en lo que nos hemos convertido. La tecnología llegó a nosotros y con ella los robots, humanoides sin sentimientos que se desplazan aletargados con sus nuevos iPhones de última generación.

Pero qué poco me gusta, que mientras te confieso que nunca he mirado a nadie como te miro a los ojos, tenga que ver en ellos el reflejo de una pantalla a medio encender mi histeria.

Qué poco me gustan las sonrisas a medio hacer al final del vagón, que sólo quedan en eso, porque el ser humano, se ha vuelto estúpido para entablar una conversación lejos del confort que proporciona un teclado.

 

Has de saber

Has de saber, que la luz que alumbraba

Las gotas de lluvia, enmudeció

En la última primavera.

Y que las manoplas guardadas

Ensordecidas por el fragor del tiempo

Se han perdido en la última mudanza.

Has de saber que ya no quedan

Manos para llenar tu ausencia,

Aunque he tratado de tejerlas cada invierno.

 

II

Has de saber que aún arrugadas

Quedan en el cajón nuestras promesas de futuro,

Aguardando el día en que mis labios

Escriban una sonrisa y les quite el polvo.

Has de saber que la imagen

Que reverbera el opaco espejo

No es la que recuerdas, pues

Las hojas del otoño han nublado tu memoria.

Has de saber, y pon atención, te lo ruego,

Que el futuro es incierto, pero

Es el camino que construyen mis pasos.

 

 

 

 

 

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