El placer del italiano

el-amor-del-italiano-gloria-sanchez-collage-gloriasanchezartist-citrica-magazine-citricamagazine-1L’amor che move il sole e l’altre stelle...

El amor que mueve el sol y las demás estrellas. Así describe Dante a Dios en el último verso de la Divina Comedia, la obra italiana por excelencia de todos los tiempos. Y no sólo por la maestría con que se escribió sino porque de ahí surgió el verdadero italiano actual. En el siglo XVI se reúnen un grupo de intelectuales italianos y deciden que es absurdo que en la península no haya un idioma común, que un mercader veneciano no pueda entenderse con un artista florentino. Para solucionarlo deciden coger un idioma de todos los que se hablaban en Italia  y  que  sirva  como  modelo,  al  menos  en  su  forma  escrita.  ¿Cuál  coger?  Tuvieron  que retroceder  doscientos  años  a  la  Florencia  del  siglo  XIV  hasta  toparse  con  los  versos de  Dante Alighieri.  En  1931  cuando  publicó  su  Divina  Comedia,  escandalizó  a  todo  su  entorno  cultural por  no  hacerlo  en  latín.  Para  él,  el  latín  estaba  corrupto  y  era  demasiado  elitista,  no  quería prostituir  la  literatura  de  esa  forma,  quería  que  no  sólo  pudiera  ser  leído por  la  clase  alta. Recurrió  entonces  al  lenguaje  de  la  calle,  al  florentino  auténtico  que  hablaban  los  habitantes de la ciudad, una obra maestra con il dolce stil nuovo, algo tan personal que después también haría Shakespeare con el inglés isabelino. El italiano actual debía haber sido el romano, en cuya ciudad se concentraba el poder militar, o el veneciano, donde estaba el poder mercantil. Pero en Italia triunfó la belleza y se instauró un idioma dantesco. Es la única ciudad europea con una lengua auténticamente artística. En otros países no ocurrió lo mismo. Ante las diversas lenguas que a menudo han poblado las naciones, siempre ha habido que instaurar una común, y normalmente se han basado para ello en  la  lengua  que  hablaban  aquellos  que  ostentaban  el  poder.  En  Francia  el  parisino,  en Portugal el lisboeta y en España, lógicamente, el castellano. Por lo tanto, si hay un idioma que realmente sea bello es el italiano. Un país en el que siempre se ha colocado el placer por encima de todo. El placer de comer, de descansar,  de admirar la inmensurable belleza. Un país hecho para los sentidos. Películas como La Gran Belleza (Paolo Sorrentino, 2013), Cartas a Julieta (Gary Winick, 2010) o Come, Reza,  Ama (Ryan Murphy, 2010), entre otras muchísimas, nos dejan ver esa belleza, ese placer  de  los  sentidos  del  que  hablaba.  Sus  protagonistas  han  podido  perderse  entre  sus plazas, sumergirse en sus fuentes y recorrer su infinidad de iglesias y catedrales, pero también han descubierto el placer de la comida.  De hecho, en  Come Reza Ama, la protagonista va por dos  motivos  a  vivir  a  Roma,  practicar  y  mejorar  su  italiano  y,  además,  quiere  recuperar  el placer por la comida, y qué mejor sitio que la capital italiana. Italia  está  concebida  para  que  nuestro  cuerpo  y  nuestra  alma  se  sumerjan  en  los  placeres mundanos,  que  podamos  sentir  la  vida  con  nuestros  sentidos.  La  vida  italiana  es  capaz  de hacerte ver que hay un mundo más allá de todo lo que habías conocido. Italia está hecha para enamorarte de la vida, y sobre todo para que te pierdas y te encuentres en la musicalidad de la lengua más bella del mundo.

Ángel Rull

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