Entrevista Socram

- ¿Cuándo y por qué nace Socram?

Socram Photo&Phobia nace en diciembre de 2012, en un intento de mostrar mis inquietudes, tanto a nivel fotográfico como literario. Llevaba tiempo escribiendo en un blog, pero digamos que por vergüenza nunca lo hice público. Hasta el día que decidí crear a Socram, mi nombre de pila al revés, acompañado de "photo" por la fotografía obviamente y de "phobia" por los escritos que las acompañan, en donde se reflejan esos miedos y deseos que todos sufrimos.

- ¿Qué te hizo ver la fotografía tal y cómo hoy la concibes?

La vida misma supongo, he crecido en los '80 en un país centroeuropeo donde teníamos una gran oferta de cultura. He crecido con la mejor música, con los mejores iconos de la belleza, con un hermano mayor del cual heredé la mayor parte de mis aficiones, supongo que eso me quedó grabado y ha alimentado la cultura visual que tengo hoy en día.

- ¿Cuál es, hasta el momento, la sesión que más te enorgullece?

Difícil decantarme por alguna. Les guardo mucho cariño a las primeras, cómo no, sobre todo a mis primeros desnudos, como las sesiones de Lupita Hard o Raquel T.
No porque el resultado fuese maravilloso, sino por la confianza que depositaron en mí para algo tan íntimo.
Y una de las más especiales, seguramente fuese la sesión con Ana, una chica que nunca había posado, muerta de vergüenza, y que probablemente me ha regalado los mejores retratos de mi portfolio hasta la fecha, gracias a sus ganas de aprender y a su infinita dulzura.

- ¿Qué obra audiovisual o literaria ha influido más en tu trabajo?

- ¿Cuál es tu mayor referente tanto a nivel fotográfico como a nivel personal?

Te puedo contestar a las dos preguntas con la misma respuesta.
Sinceramente conozco a muchos fotógrafos y su obra, pero no creo que su estilo de fotografía haya influido directamente sobre lo que hago, sino más bien me ha ayudado a desarrollar un gusto fotográfico.
Admiro a Cartier-Bresson, a Adams, a Newton o a Madoz, cada uno en su línea, y supongo que por inercia intento aplicar ese gusto en lo que hago.

- ¿Cómo y quiénes son tus modelos?

Siempre intento que primero sea alguien que tenga ilusión, que le importe el proyecto, que sea capaz de transmitir esa sinceridad y sensualidad que intento transmitir en cada fotografía.
Normalmente suelen ser chicas de entre 20 y 35 años, sin experiencia en modelaje, por lo comentado antes.
Por tener esa inocencia y vergüenza innata.

- ¿Cuál es tu equipo de trabajo?

Al trabajar principalmente con luz natural, uso una Canon 70D, un 50mm 1.4 y un 24/70 2.8 ambos de Canon. Edición en Lightroom.
Y una nikon Fm2 que habitualmente lleva un ilford b/n de 400 montado.

- ¿Qué proyectos tienes en mente para el futuro más inmediato?

Seguir haciendo fotos, encontrar nuevas musas, y sobre todo sacar un libro autoeditado con las fotografías y su correspondiente poesía.

- ¿Qué te prohíbes a ti mismo a la hora de trabajar?

Tomármelo en serio, disparar sin música.
El día que me tome esto como una responsabilidad laboral, me temo que no será lo mismo, pero supongo que es un enfoque que tenemos todos en este punto.
Me prohíbo principalmente automatizarme a la hora de hacer fotos.

- ¿Tu filosofía vital y profesional se resume en?

Ser feliz, obviamente, y contribuir como persona y con el arte a que los demás lo sean

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Era de esas.

De las que te cruzas por la calle y te hacen replantearte la timidez.

Niña de uñas mordidas,
de esas que lloran a carcajadas
y follan abrazadas,
aferradas a una esperanza.

De las que se emocionan con un buenos días y crucifican por una traición.

Era de las que se tapaban después del polvo más salvaje, y esbozaban una sospechosa sonrisa antesala de un “te quiero”.

De las que se levantan cuando el mundo ya lleva horas en marcha,
y lo contempla desde la ventana con la seguridad de susurrarle día tras día las ganas de comérselo.

Era de las que desaparecían y dejaban hueco.

Era de las que te hacía perder la cabeza,

no la esperanza.

Ella: Mara

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Armado hasta los dientes,

provisto de hechizos,
de corazas,
de escudos contra su encantamiento,

entré.

-"Has visto mi puta alma"-, me dijo.

Sería mentira, decir que salí ileso.
Sería mentira, decir que no he luchado.

Sería mentira decir que no había dejado adrede mi corazón
en el fondo de ese bosque encantado.

Un bosque que hacía de su mirada,
la más grande aventura

que me quedaba por vivir.

Ella: Delia

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Ensayé miles de recitales frente a tus idas y venidas.

Tantos como naranjas exprimí, para recuperar las fuerzas en nuestros desayunos entre sábanas.

A veces pienso que nunca te han gustado los tacones por la simple razón de no hacer ruido a la hora de escapar.

Te sabías de memoria las zonas del parqué que no podías pisar, pero nunca se te dio por pensar que nuestros polos opuestos se atraían de la misma manera que se despertaban mis sentidos a medida que te alejabas de mi piel.

Te ibas de puntillas mientras yo le decía a quemarropa a la almohada,
que pronto volverás.

Que sólo te ibas a trabajar.

Y que yo,

vago,

no era tu amo de casa,

si no el esclavo de tu vida,

que sólo un catedrático de la sensatez rechazaría,

y que en un alarde de amor,

tiraría sin dudar

la llave de sus grilletes al mar.

Ella: Charlotte

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Todavía no tengo demasiado claro el porqué.

El porqué de mi huída.

No sé si fue tu cepillo de dientes al lado del mío, o ese brillo en tus ojos, cada vez que nos despedíamos.

Lo suyo hubiese sido amarte,
contar las horas para besarte,
contar los eclipses totales antes de marcharme.

Pero la vida es puta,
y yo,
parece que no aprendo, y no me canso de dejarle un billete en el escote a cada varapalo.

Lo siento mi niña,
tenías razón,

a mis treinta y tantas arrugas, todavía no encontré el instrumento,

que afine razón con corazón.

Ella: Naiara

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Hacer del ataúd nuestro lecho, eso me decías.

La verdad sea dicha, siempre fuiste un poco macabra. Hacías de lo oscuro, el sexo por el que me mantenías vivo.
Una embestida tras otra, el asunto consistía en morirme y volver a nacer, era el veneno de tus uñas que clavadas en mi espalda me hacían desearte hasta los huesos.

Era el salto desde un sexto que al estrellarme me descubría el orgasmo, joder, más salvaje.

"Cállate!!!" , me decías, "vas a despertar a los muertos"

Era mantener los pies en el suelo gracias a la mano que agarraba con fuerza tu larga melena.

Y aunque estar dentro de ti una y otra vez sea lo más real que haya muerto nunca, valoro mi inmortalidad.

La adoro.

Por el simple y mero hecho, de sobrevivir una y otra vez, a todas tus miradas.

Ella: Lai

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Y de repente,
decidió desenterrar el hacha de guerra.

Entregarse al sexo sin citas,
dejar los condones
sólo para el amor.

Se propuso quemar ciudades,
borrar líneas de metro.
Desafinar cualquier instrumento,
susceptible de traer la paz.

Decidió desenterrar el hacha de guerra,
la niña a la que pisaban su orgullo,
la que follaba y no consentía despertar al lado suyo.

O suyo.

O suyo.

Decidió desenterrar el hacha de guerra,
la que encajaba golpes y escupía valentía,
la que maquillaba el dolor,
con polvos y restos de un amor
que pasó a mejor vida.

La que ahogada en un grito de guerra,
maldecía entre orgasmos,
el motivo de este cuento bélico.

De este cuento,
lo siento,

llamado cobardía.

Ella: Rebeca

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Artista, me llamabas.

Colgabas del cuello de mi modestia, medallas con sabor a admiración.

Por como trataba todo lo que hacía, por como incrustaba en cada detalle una parte de mi, que a mis ojos era invisible, pero hacía sonreír los tuyos de orgullo.

"Con ese talento que tienes, no te queda otro camino que ser alguien, alguien importante que hará soñar a los más incrédulos"

Pero un día te fuiste, alegando disconformidad en mis bocetos.
Y no volviste, por muchas siluetas que intento crear en nuestra habitación..

El secreto es que ya no soy nada.

Y si alguna vez fui artista,
si alguna vez tuve un talento,
sin duda fue,

el intentar al menos,

hacerte feliz.

Ella: Katj

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Te he visto tirada, entre papelinas y hierba a medio quemar, haciendo lo que mejor se te daba:

Odiar.

Odiarte, odiarme.

Por no saber encontrarte, por no saber socorrerte.
Por follarte y no insistir en dejarme quererte.
Por no aguantar tus síndromes y chutarme con tus lágrimas.
Por mi paciencia al odiarte.
Por mi ansia al penetrarte.
Por marcharme cuando menos lo necesitabas.
Por llamarte cuando el vicio apestaba.
Por saltar al vacío o arrodillarme en una charca,

Por levantarte la falda y bajarte los humos.

Por besarnos.

Por siempre y jamás,
por todos nuestros ascos,
todos nuestros orgasmos.

Joder,

por todo lo que no nos mate

y nos haga reventar.

Ella: Catu

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Queridos amigos.

Querido alcohol.

Queridas mascotas.

Queridas drogas, notas y faldas cortas.

Lo siento,
pero todavía no creasteis puntos de sutura lo suficiente resistentes

a ciertas miradas.

Ella: Gema

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Yo no te buscaba.
No te buscaba y apareciste en medio de un campo de cadáveres carentes de corazón.
Apareciste en un espacio tiempo descontrolado donde no importaba ni quien, ni como, ni cuando; 

en este vórtice especial en el que mucho menos importaba la profundidad de la herida.

No te buscaba, y apareciste con paciencia y tesón, un antídoto frente a mi irracionalidad, un beso en mi nudillos sangrientos.


Aparcaste tus manos sobre mi pecho desbocado, chutándome esta tranquilidad ya olvidada.


Yo no te buscaba, y ahí estabas, regalando tiempo, acortando distancias, poniendo brazos por alas y corazón por reactor.


Yo no te buscaba.

Y sin embargo, ahora lo hago siempre que te levantas de mi lado.

Ella: Eli

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Había perdido la fe en aquello que me hacía invencible.

Había perdido la fe en encontrar una razón por la que
remontar el curso del rio de mis deseos.

Pero un bueno día,
me vi rebuscando en el cajón aquella pluma que tantas veces me había hablado de ella.
De esa persona inexistente que algún día llegaría.
De su larga melena guiando mi mano sobre el papel,
cual marioneta,
para escribir todo lo que yo no quería admitir.

y sin querer…

Apareció.

Me había forjado un camino por su cuerpo.
Había intentado entender la relación que existía entre todo los puntos de belleza que la naturaleza había marcado en su piel.

Ella era un todo sin manual de instrucciones, una persona sencilla inconsciente del daño que podía llegar a hacer.
Hubiese dado lo inimaginable por sentarme ante sus ojos, y que me obligase a olvidar todo lo que sé de la vida.

Nunca me había arrodillado, nunca me había doblado.
Nunca tanto deseo me había quemado.

Nunca por la belleza había llorado.

Nunca el amor,
de esta manera,
me había invitado a escribir.

Por eso existen heridas y esperanzas que llevan nombre.

Y el suyo,

era el arma de todas mis cicatrices.

Ella: Ana

 

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