Estribillo pegadizo o calidad

CITRICA-MAGAZINE-N11-REVOLUCION (14)

Estribillo pegadizo o calidad

Hace poco leía a través de Facebook una publicación de Havalina, una banda de stoner español que carece del reconocimiento que, bajo mi punto de vista, merece. En dicho mensaje, mencionaban que recibieron algunas críticas sobre sus creaciones, como que “no es lo bastante rápida y directa”, y reflexionaban sobre cómo la industria y, en último término, el público, quieren canciones inmediatas, rápidas y cortas para no pensar, para emborracharse y pegar botes en medio de un festival.

Pensándolo fríamente, la realidad es así. Los artistas buscan cada vez menos la auotorrealización y más la fama, confundiéndolas de manera habitual. Por su parte, el público está aleccionado –por la sociedad, la cultura del consumo o el tedio– en no pararse a reflexionar demasiado. Un festival de música, un estribillo pegadizo, varios chupitos y a bailar. La industria, como cabría esperar, aprovecha y fomenta este tipo de comportamientos con la única intención de perpetuar su existencia facturando más y, si es posible, pagando menos o nada, especialmente a esos “voluntarios” que trabajan a marcha forzada, únicamente con alcohol y fiesta como remuneración. Detrás de todo ello, los patrocinadores haciendo caja, aprovechando el filón; y ya que estamos, precios abusivos en la comida dentro del recinto, porque total, lo van a pagar al precio que sea.

Tenemos que cambiar esta situación, dándole la vuelta. Que la industria trate al público como un manso rebaño no implica que realmente lo seamos. Con cada pequeño gesto podemos cambiar esta situación. Las multinacionales “compran” a los artistas que se siguen llamando –de manera errónea– indies y les imponen publicar X canciones, videoclips o EP´s, sin atender apenas a la calidad, al trasfondo; sin importar si el artista ha tenido el tiempo suficiente para reflexionar, adquirir y desarrollar el conveniente bagaje con el que poder componer algo de calidad. Y el público, por su parte, sin plantearse qué hay detrás de esa banda a la que tanto admira y corea, sin razonar ni recapacitar que lo más probable es que el grupo esté creado en el propio estudio de grabación, diseñado en función de lo que más va a vender en los próximos años, sin ninguna conexión –al margen de la económica y empresarial– entre los músicos que lo componen.

¿Acaso no nos damos cuenta de a dónde lleva esto? Cada vez más artistas de calidad se ven “obligados” a venderse a la industria. La gente apenas acude a las salas para apoyar a todas esas bandas, y si lo hacen, que sea gratis y prestando poca atención; porque total, “¿quién conoce a ese grupo?”. Parece que si no están confirmados en algún festival, no merecen la pena, no son lo suficientemente interesantes. Críticas como “suena demasiado íntimo”, “música muy densa” o “le falta intensidad y celeridad” son a día de hoy negativas, cuando quizá lo que necesitamos es pararnos a valorar y reflexionar, detenernos e intentar apreciar qué nos puede ofrecer ese artista novel, esa banda que tantos años lleva junta a pesar de que nadie la conozca  o ese grupo que no incluye estribillos en sus canciones. Es tiempo de cambio, y es un asunto de importancia capital que empecemos por cambiarnos a nosotros mismos.

J.Luis I.Puche

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