FRANCIS BACON

Habitad de un artista

"Acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y toda su belleza"

Chocamos de frente con la exposición que se encuentra estas semanas en el Museo Guggenheim de Bilbao, sobre este inclasificable artista de la pintura de la segunda mitad del s. XX, Francis Bacon. Atípico, autodidacta y tardío, pero con un lenguaje inimitable, cuando se tiene enfrente uno de sus lienzos inmediatamente se sabe que sólo puede ser suyo, cada imagen irrumpe en nuestra mente para hablarnos de aspectos que no conocemos de nosotros mismos. Una visita a su habitad y un breve recorrido por su historia serán las claves que den una situación aproximada a su pensamiento para comprender mejor su obra. Nacido en Irlanda, su niñez transcurrió tanto en Irlanda como en Inglaterra, sus padres y familia eran británicos, por ello se consideraba a sí mismo un pintor británico.

Decía que sus padres lo habían echado de casa al haberlo cogido por sorpresa vistiendo ropa de su madre, quien aún le hacía llegar dinero a escondidas tras este “incidente”. Gracias a ello se trasladó a otras ciudades en las que podía expresarse con mayor libertad: Londres, Berlín y París. A pesar de que varios años más tarde se aprobaron en parte las relaciones sexuales entre hombres en el Reino Unido, y la imagen de la homosexualidad había cambiado ligeramente, a Bacon se le siguió asociando con lo ilícito durante muchos años. Una de las primeras obras en las que el artista mostró la sexualidad de dos figuras masculinas es “Hombre arrodillado sobre la hierba”. Cuando estalla la II Guerra Mundial, tras ser declarado inútil a raíz del asma que sufría desde niño, vio la muerte y la destrucción, aunque no desde las trincheras, pero si la putrefacción en las ruinas, y es aquí donde comienza su estilo tan característico. Cuerpos que se deforman grotescamente, líneas más simplificadas, comienza a pintar el dolor, la angustia y lo que siente al ver todo aquello, llegando a admitir en una ocasión: “De este caos surgen imágenes muy útiles para mí. Además, los lugares donde vivo son pasajes de mi autobiografía. Sus huellas forman parte de mi memoria y no las toco”.

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No han quedado más que 7 cuadros de sus inicios, ya que en un ataque de ira en la búsqueda de su estilo y de no quedar conforme con los resultados destruyó casi todas sus obras, aunque siempre creaba segundas versiones de sus grandes pinturas, hasta 53 en el caso del retrato de Inocencio X. La maestría de Velázquez y Picasso fue una pieza clave para la obra de Bacon, de hecho, tomó la decisión de dedicarse al arte tras contemplar una exposición del pintor malagueño, y se basó en el mencionado retrato del Papa Inocencio X de Velázquez para realizar sus ya famosas versiones del mismo. Bacon admiraba tanto a Velázquez que no quiso ver el cuadro original del maestro español por temor a que su obra no estuviera a la altura.

Además de estas rarezas encontramos otras “manías” a la hora de trabajar. Por ejemplo, cuando el pintor tenía que ordenar su estudio, no muy a menudo y sólo en ocasiones especiales, en los días siguientes era incapaz de trabajar, porque perdía la inspiración. Normalmente se encontraba abarrotado de los utensilios para pintura, libros y multitud de recortes de periódicos y fotografías, que almacenaba. En otra ocasión decía, “Por la tarde, voy a los bares o a las salas de juego. A veces, veo amigos. Para trabajar tengo que estar completamente solo. Nadie en la casa. Mi instinto no puede trabajar si los demás están ahí, y cuando uno los ama es peor.” Contaba lo siguiente en una entrevista acerca de su técnica pictórica: “No dibujo. Empiezo haciendo todo tipo de manchas. Espero lo que llamo “el accidente”: la mancha desde la cual saldrá el cuadro. La mancha es el accidente”. Francis Bacon abordaba sus obras sin dibujos preparatorios y siempre pintaba directamente sobre el lienzo desnudo, y pese a que tiene obra en todo tipo de formato, tamaño y materiales, sus grandes obras las prefiere en óleo sobre lienzo y, si es posible, enfrentar a sus figuras en tríos o trípticos.

A veces plasma lo que desordenadamente se encuentra en el suelo del estudio, se manchan con pinturas, y él interpreta estos casuales restos patéticos. El parecido con objetos o personas le es irrelevante. Para otros temas suele utilizar la fotografía como medio, recogiendo de los periódicos fotografías de catástrofes o instantáneas de un fotomatón. En lo que se refiere a composición crea estructuras opuestas, en un espacio geométrico y abstracto mediante el que consigue una sensación de dinamismo, y muy influido también en su deseo de captar movimiento por las secuencias fotográficas de Eadweard Muybridge.

Sus figuras habitan en unas “cárceles o jaulas” abstractas en las que palpita un cuerpo abandonado a su propio destino. Son habitaciones impersonales en las que, desolado, vive una soledad insoportable, todo esto plasmado con una gran destreza en cuanto al uso del color experimentando con todas las tonalidades, aplicando fondos de un colorido fuerte y unitario que sirven para proyectar sus figuras. Tras su muerte en 1992, el estudio londinense que había ocupado durante más de treinta años en el número 7 de la calle Reece Mews, en South Kensington, que más tarde en 2001 se abrió al público y pude visitarse como museo, una visita obligada si quieres conocer más sobre el habitad del artista.

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Sobre nosotros Clef deRouge

Directora de Arte de Cítrica Magazine. Diseño gráfico y Gestión de proyectos. Marketing Digital y Formación para la Creatividad en OC&CMarketing. Formo parte del equipo de GeneraDigital.com, agencia de comunicación, también realizo proyectos como freelance y colaboro en diversas empresas para sus propios proyectos. Especializada en branding, estrategias de comunicación y , ilustración, packaging y fotografía. Diseño cualquier cosa que se te pueda ocurrir... Contacto con los artistas y colaboradores de la revista, desde el apartado publica tu obra, si tienes cualquier duda, escríbeme clef@citricamagazine.com “El arte de la vida consiste en hacer de la vida un arte” -Lord Byron-

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