Juguemos a Culo

CITRICA-MAGAZINE-N11-REVOLUCION (7)

Tengo una duda, aparentemente algo estúpida. El otro día me dio por pensar en ese juego de cartas que nos mantenía en las toallas hasta el cierre de la piscina: Culo. En cómo el hecho de que una persona ganara lo hacía presidente otorgándole el derecho a recibir las dos mejores cartas del que había perdido, el "culo", quién a su vez recibe las dos peores cartas de éste a modo de castigo.  Imagino que no hace falta que explique más el juego. Entonces, pensé que reflejaba el sistema, grosso modo.

Juguemos a Culo

En la primera partida, tenemos unas cartas que hay que jugar, para ganar o perder influye tanto la suerte -la suerte de la vida- como el ingenio -que sería el trabajo-. El que gana ha sido en parte gracias a su trabajo, motivado por ganar el premio que conlleva, es decir, el ser presidente y conseguir esas dos mejores cartas; es una recompensa por su buen jugar, ¿no? Y el que pierde, puesto que no ha jugado bien sus cartas -sí, también ha influido la suerte-, tiene esa especie de castigo que, mirándolo por el lado positivo, es una motivación para que aprenda a jugar mejor.

El problema de todo esto es que perpetúa la situación: el presidente tiene mucho más fácil seguir siendo presidente, mientras que al "culo" le costará más ascender, algo que no es imposible, pero mucho más trabajoso. Y eso no lo veo del todo justo. Pero al mismo tiempo, si no hay una recompensa y un castigo, el juego pierde su gracia. A mí, personalmente, no me motivaría tanto jugar bien si obtengo lo mismo juegue bien o mal. A ambas soluciones les veo sus pros y contras, y no me decido por ninguna.

Luego pienso, bueno, el azar de las cartas influye mucho. Entonces, imagino el mismo juego pero en el que la suerte no jugara ningún papel y me vuelvo a hacer la pregunta: ¿hay que dar premio y castigo en el juego de “culo”?

Begoña Santaella Gómez

¿Nos cuentas tu opinión?