Tarde en blanco y negro

tarde-en-blanco-y-negroTarde en blanco y negro. Llueve. Llueve a cántaros. Hace apenas unos minutos, un sol de justicia caía sobre su cabeza y la mía. Pero ahora estoy solo en esta plaza y el agua me empapa hasta el alma. Parece que el tiempo se ríe de mí en la cara. Habíamos quedado quince minutos antes en esta plaza, después de recibir un mensaje en que me decía esas tres temidas palabras, “tenemos que hablar.” En ese momento, había mucha gente paseando y sentada en las terrazas, se respiraba vida. De fondo, bajo los soportales, se oía como un violinista tocaba una animada canción, lo hacía con tanta pasión que parecía que las cuerdas fueran a salir disparadas en cualquier momento. Ella llegó puntual, su semblante era serio y ni siquiera me dio un beso al llegar. Le pregunté si quería tomar algo, pero se negó. Fue breve, se acabó, me dijo. A continuación encadenó varias frases en forma de disculpa para acabar con un he conocido a alguien.Hace apenas cinco minutos que se ha dado la vuelta y se ha ido, dejándome plantado en medio de la plaza. Y ha empezado a llover. Todo el mundo corre a refugiarse bajo los soportales, la plaza se queda vacía. Yo también me resguardo de la lluvia, me siento en el suelo junto a la funda vacía del violinista, algo de música animada me vendrá bien, pero el violinista me mira con ojos tristes y empieza a tocar la canción más bella y triste que he oído nunca. Parece que el violinista también se está riendo de mí. En cuestión de minutos nos hemos quedado solos el violinista y yo, este deja de tocar. Me levanto y me dirijo de nuevo al centro de la plaza, completamente sola. Llueve. Llueve a cántaros. Hace apenas unos minutos, un sol de justicia caía sobre su cabeza y la mía. Pero ahora estoy solo en esta plaza y el agua me empapa hasta el alma. Me da igual, de lejos veo cómo el violinista empieza a tocar de nuevo una canción triste. Un hombre pasa por su lado y le saca una fotografía, me la imagino en blanco y negro, apagada, triste y melancólica. Como su canción, como el cielo plomizo. Como  yo.

Teresa Pérez Dorado

¿Nos cuentas tu opinión?