El verdadero Sherlock Holmes

Sherlock Holmes es el detective de ficción creado por Arthur Conan Doyle en 1887. Este personaje inglés es conocido por su gran inteligencia y por su uso de la lógica para resolver casos prácticamente imposibles. Es el protagonista de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos de ficción, que forman el llamado “canon holmesiano”.

Según Conan Doyle, Holmes «sobrepasaba los seis pies –alrededor de 1,90 metros–, y era tan extraordinariamente enjuto que producía la impresión de ser aún más alto. Tenía la mirada aguda y penetrante… y su nariz, fina y aguileña, daba al conjunto de sus facciones un aire de viveza y de resolución».

Además, tiene la habilidad para disfrazarse de lo que se le antoje. Y un gran vicio: fumar de la pipa.

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Pero lo que más le diferencia de otros detectives es su amplio conocimiento de la química y su gran capacidad de deducción de la que no podía escapar ningún delincuente.

Pero, ¿quién era realmente Sherlock Holmes?

En la vida real, mientras Conan Doyle estudiaba medicina, conoció y parece ser que admiró a un doctor escocés de la Universidad de Edimburgo: Joseph Bell House.

El Doctor Bell fue un gran precursor de la medicina forense que, gracias a ello y a su gran perspicacia y capacidad para deducir, estaba a la disposición de los policías de Scotland Yard. Era tan conocido su talento que recurrieron a él para uno de los mayores casos de asesinatos en serie, el de Jack el Destripador.

Curiosamente, y para que no queden dudas de que Bell fue el Sherlock Holmes de la vida real, la famosa muletilla del detective ficticio a Watson,-“elemental”-, solía utilizarla este profesor con sus alumnos durante las clases de la universidad.

Elemental, queridos lectores, que Sherlock Holmes existió en la realidad.

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